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"looks" en el tiempo


  o el encuentro de la imagen sobre el espejo mágico

       El tiempo paralelo de Chafanto transcurrió sin mucha animación. Al despedirse de Sandra y del resto corrió a reunirse con Umberto, que lo esperaba en la calle de la Princesa. Para ello tomó el metro en la cercana calle de Sevilla, bajando, cortando trocha por la calle del Príncipe, hasta la plaza de Canalejas. En esta plaza existe una bonita, típica y antigua bombonería y pastelería, casi en la esquina que da a la Carrera de San Jerónimo, donde recordó al pasar que una vez, con motivo de la celebración de un fausto aniversario (eran otros tiempos para él, más felices quizás, pensó), compró en esa tiendecita de marrones y ventrudas cristaleras, de pequeño mostrador con tapa de mármol y estanterías   de cristal remachadas de estuco -de tan dulce olor-: alfondaque, grafioles y suspiros, que una joven y simpática dependienta, influenciada por el montante de la compra y apiadada y conmovida por el entusiasmo que Chafanto mostró en la elección de las confituras, tuvo el cuidado -aflorando en ella, volcando toda su escogida y aprisionada bondad, poniendo todo el primor y destreza en sus lindas manos-, el detalle impagable de envolverle los confites en una caja especial de un color suavemente cremoso, atándola con un lazo color lila, rematada por una vistosa flor confeccionada con cinta del mismo tono, de cuyo penacho salían y colgaban dos orladuras acaracoladas y espiradas a modo de faralá. 

       Ya en el metro, solitario y frío en esa estación, que corresponde a una zona donde se asientan varios bancos, comercios, o entidades de tipo oficial, zona muy poco concurrida a partir de ciertas horas de la noche, dejó volar al completo la imaginación con el fin de distraerse. Tenía por costumbre dar rienda suelta a la fantasía mientras viajaba en el metro, como artilugio que le servía para escapar a la visión del panorama deprimente que por lo regular ofrece el metro en Madrid. Es curioso, sumamente curioso, observar esos rostros de larga compostura (El Greco los captó y los retrató para la posteridad, casi los mismos, para que esa posteridad se expansionara en su contemplación; por lo que se puede deducir que el síntoma es endémico a la raza): desvahídos, silenciosos, inmutables, ojerosos -como el de una jovencita recién desflorada-; impenetrables, con ciertos ribetes de misticismo acharolado; con esos ojos agigantados, inmóviles, de un resplandor opaco que se entrecruzan como sombras sin expresar viveza alguna de espíritu, que le traían impensadamente a la memoria aquellos otros seres humanoides, especie rara de mutantes, que Herbert Georges Wells describe en su libro La máquina del tiempo, que hacían vida monacal escondidos en las cavernas de la tierra casi despoblada; y toda esa procesión de onda tristeza coreada y sostenida al fondo por un ruido siniestro que retumbaba en los túneles como el regurgitar de Satán.

       Pero no siempre era el ambiente tan macabro; es que Chafanto se comportaba en su interior a veces de una manera muy exagerada y, entristecido, proyectaba su desazón espiritual en el entorno de las personas. El veía en el trasfondo un cansancio de siglos. Aún así fantaseaba, para no verse cogido en un cepo obscuro que lo atenazara todavía con más pasión.

       Él no ignoraba que todo el país estaba atravesando un abismo de transformación en donde el pasado se rebela a dejar de existir, jugando sus últimos estertores en querer ser representado en un teatro macabro. Las antiguas formas se resisten a perecer. Se trata de la eterna lucha de lo viejo contra lo nuevo: y esa pesadumbre que implica la regeneración se esparce por doquier, impregnando los corazones y transfigurando sus rostros; algunos desencajados por la amargura. 

"Chafanto": Ed. Biblioteca Nueva, Madrid, 1993. 510 páginas. (De un manuscrito comenzado entre 1975/1976, aunque luego concluido entre el 1980/1981).

¿Te gustaría ampliar la lectura? Puedes mirar en:

http://books.google.es/books?id=zF8ZAAAAIAAJ&q=chafanto&dq=chafanto&hl=de

http://books.google.es/books?id=QKdfAAAAMAAJ&q=chafanto&dq=chafanto&hl=de


NÁUFRAGOS SIN ISLA/bovis translation

“El amor, además de infundir fuerza, hace que se atisbe la unidad de las cosas. Luego sufriría el pesar de mis acciones erróneas. Cada día se renueva la existencia, para abrirse a las puertas de la percepción. Uno apenas se entera de ese proceso. La aspiración automática del ser hacia lo unitario se patentiza incluso en el sufrimiento aceptado por la voluntad: la desproporción implantada  en mitad de la fijeza de una idea. Esa idea irrumpe con violencia para prefijar la objetividad de un hecho que se nos antoja fortuito. Ni siquiera la imaginación cultural salva de ese peligro. ¿No habrá determinado en mí la violencia ese apego a lo indiferente?”.

Párrafo extractado de la novela "NÁUFRAGOS SIN ISLA/bovis translation", publicada en la colección Kit-Book de la ED-LITTERAE, Barcelona (2011).